Su experiencia educativa no fue inclusiva. Y no porque él no pudiera aprender, sino porque la escuela de entonces no sabía —ni estaba formada— para acompañar al alumnado con autismo.
🧩 Su vivencia: estar, pero no pertenecer: En el vídeo relata situaciones que se repetían con frecuencia:
* Falta de comprensión por parte del profesorado.
* Etiquetas como “raro”, “problemático” o “despistado”.
*Castigos o reprimendas ante conductas que hoy sabemos que eran respuestas sensoriales, emocionales o comunicativas.
* Ausencia de apoyos reales, adaptaciones o acompañamiento emocional.
No se hablaba de inclusión.
Se hablaba, como mucho, de integración, y muchas veces ni siquiera eso.
Estar en el aula no significaba sentirse parte de ella.
🏫 ¿Cómo era la educación para el autismo en esa época?
Durante los años 90 y primeros 2000 (la etapa escolar de muchos adultos con TEA hoy), la realidad educativa en España era muy distinta:
* El diagnóstico de TEA era tardío o inexistente.
*El autismo se asociaba a estereotipos muy concretos y limitantes.
* Se priorizaba la conducta “normalizada” frente al bienestar del alumno.
*Había escasa formación docente en neurodiversidad.
*Las adaptaciones curriculares eran mínimas o se vivían como “privilegios”.
Muchos niños y niñas con TEA pasaron por el sistema educativo sin saber por qué se sentían diferentes, y sin que nadie les explicara que no estaban rotos, sino que funcionaban de otra manera.
🌱 Lo que hemos aprendido (y lo que aún debemos cambiar)
Escuchar testimonios como el suyo es imprescindible. No para señalar culpables, sino para entender de dónde venimos y por qué la educación inclusiva no es una moda, sino una deuda histórica.
Hoy hablamos de:
* Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA)
*Ajustes razonables
* Educación emocional
*Neurodiversidad como valor
Pero estas palabras solo tienen sentido si se traducen en prácticas reales, para que ningún alumno vuelva a crecer sintiéndose invisible o inadecuado.
💬 Dar voz para transformar
Este vídeo no es solo un recuerdo del pasado. Es una herramienta para:
*Formar a profesionales.
*Sensibilizar a la comunidad educativa.
*Recordarnos que la inclusión no se improvisa: se construye escuchando.
Porque cuando una persona con TEA puede contar su historia, no solo sana su propio recorrido: nos ayuda a educar mejor a las generaciones que vienen.
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