En clase, nuestro profesor nos habló de una técnica que, al principio, nos sorprendió a todos: las Fuck Up Nights. Un formato donde la gente sube a contar sus errores y todo aquello que normalmente se esconde debajo de la alfombra.
Mientras nos lo explicaba, pensé en lo mucho que esto encaja con la realidad de los centros educativos.
🍃 Cuando el liderazgo deja de ser perfecto
Siempre imaginamos que quien dirige un colegio o instituto tiene que tenerlo todo bajo control. Pero nuestro profesor nos recordó algo simple y muy cierto:
liderar también es equivocarse.
De hecho, un buen líder educativo no es quien nunca falla, sino quien tiene la valentía de decir:
“Aquí me equivoqué. Y esto aprendí.”
Esa sinceridad, ese gesto tan humano, crea un ambiente real de confianza. El profesorado se atreve más a probar cosas nuevas, la innovación no da tanto miedo y los errores dejan de vivirse como fracasos personales. Al escuchar a nuestro profesor, nos imaginamos cómo sería una tarde en un centro educativo donde el equipo docente compartiera sus experiencias tal cual:
“Pensé que este proyecto iba a revolucionar la clase… y acabó siendo un caos.”
“Probé una actividad preciosa y no funcionó en absoluto.”
“Tomé una decisión pensando que ayudaría… y complicó más las cosas.”
Lejos de hundir a nadie, estas historias acercan, normalizan y despejan el ambiente. Porque, de repente, todos entienden que no son los únicos que a veces no aciertan.